Secretaría de Finanzas

Letras

En 2018 se conmemora el centenario de muerte del poeta Joaquín Arcadio Pagaza (nacido en Valle de Bravo, Estado de México, en 1839), razón por la que el ceape publica una nueva Antología poética de su admirable obra, donde el compilador ha seleccionado poemas de sus dos principales libros: Murmurios de la selva (1887) y Algunas trovas últimas (1893), con la seguridad de que en éstos los lectores encontrarán más de un botón de muestra de la poesía del vate Pagaza, quien, a pesar de que fue clérigo, no creó poesía religiosa sino en mínima cantidad, dejándonos excelentes versiones de los clásicos latinos Horacio y Virgilio, a quienes traduce e imita, y un rimero de inspirados poemas dedicados a comunicar, en sentidas descripciones, sus sentimientos ante el admirable paisaje de su tierra natal.

Genaro Robles Barrera, Josué Mirlo (1901-1968), originario de Capulhuac, Estado de México, es uno de los poetas más representativos de la literatura mexiquense. Encabeza, afirma el escritor  José Luis Herrera Arciniega, la lista de poetas que comienzan “la tradición del sistema literario mexiquense” y se ubica en la generación del 27. Su labor poética inicia con la publicación, en 1919, de “A la memoria del extinto poeta Amado Nervo”.
 
Realizó estudios en literatura en 1923, con Erasmo Castellanos Quinto. En 1925 concluyó el bachillerato en ciencias biológicas e ingresó a la Escuela Nacional de Medicina en la ciudad de México, carrera que interrumpió a causa de la muerte de su madre en 1927. De regreso en su pueblo natal, dedicó su vida a la docencia y a dar rienda suelta a su imaginario literario.
 
En vida publicó los poemarios Manicomio de paisajes (1932), Cuarteto emocional (1938), Baratijas. Mercado de versos (1956) y Museo de esperpentos (1964), y los libros en prosa La Caballona. Cuento regional (1956), Rosamar. Breviario de cuentos (1965) y Monigotes. Ensayo en prosa bárbara (1966).
Ningún objeto ha marcado tan profundamente la evolución cultural del hombre como el libro. El libro, este milagro cotidiano y sencillo, encuentra en las palabras de Marco Antonio Campos una reafirmación de su perdurable belleza, de su fecundo poder, de su perenne misterio. La escritura de Campos, su íntimo hablar, sus resonantes confidencias, son a un tiempo halago y elogio, defensa y contagio del placer de leer, y testimonio de una vida lectora, de una vida leída, y de una vida entregada también, e irremediablemente, a la poesía. Dice el autor que “con sólo abrir un libro se entra a una nueva vida”, y es justamente esta doble revelación: asomarse a una vida distinta, o renacer leyendo, lo que hace de El libro y la poesía una carta de amor de Marco Antonio Campos hacia dos de las criaturas más entrañables de su existencia.
Leemos porque nos place, y si alguien es capaz de mostrar, sin coacciones, las puertas de ese placer a quienes lo ignoran, habrá que agradecérselo, pero nadie puede obligarnos a leer ni siquiera bajo el principio “lógico” de que esto será mejor para nosotros. La lectura se contagia con imaginación y buenas maneras, no con apremios ni groseras imposiciones. Por lo demás, el libro, este libro, todo el libro, cualquier libro es solamente un pretexto. Lo importante es lo que suscita el libro en quienes lo leen. En este elogio del libro y en esta alabanza del placer de leer, Juan Domingo Argüelles se propone precisamente un diálogo con los lectores, esos viajeros que van, junto con el autor, en el mismo barco de la lectura.

Juan Domingo Argüelles es originario de Chetumal, Quintana Roo. Realizó estudios de Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. Como poeta, ensayista, crítico literario y editor, sus trabajos comprenden varios volúmenes. Entre sus libros de poesía destacan: Como el mar que regresa, Agua bajo los puentes, A la salud de los enfermos, Las aguas del relámpago y La última balada de François Villon, reunidos en el volumen Todas las aguas del relámpago (unam, 2004). En 2009, la editorial española Renacimiento publicó La travesía, antología poética personal de 1982 a 2007. Recientemente apareció su Antología general de la poesía mexicana (Océano, 2012). Ha abordado el tema de la cultura escrita en los libros: ¿Qué leen los que no leen? (Paidós, 2003), Leer es un camino (Paidós, 2004), Historias de lecturas y lectores (Paidós, 2005), Ustedes que leen (Océano, 2006), Antimanual para lectores y promotores del libro y la lectura (Océano, 2008), Del libro, con el libro, por el libro... pero más allá del libro (Ediciones del Ermitaño, 2008), Si quieres... lee (Fórcola, 2009), La letra muerta (Océano, 2010), Escritura y melancolía (Fórcola, 2011), Escribir y leer con los niños, los adolescentes y los jóvenes (Océano, 2011), Estado, educación y lectura (Ediciones del Ermitaño, 2011), Estás leyendo... ¿y no lees? (Ediciones B, 2011) y Lectoras (Ediciones B, 2012).

El presente volumen es un pretexto para acercarse a una definición imposible: ¿Qué es la lectura? Pero, no por imposible, el acto definitorio deja de ser un bálsamo lúdico que guarda en sí mismo su recompensa. Diálogo incesante, remedio contra la ignorancia, deliciosa compañía, viaje de nunca acabar, hipnótico cuerpo del deseo, acto y ejercicio civilizatorio o sencillo arrebato de la invención humana, la lectura ha acompañado a las criaturas sobre la Tierra (las criaturas que leen) en su terco afán por encontrarse a sí mismas, por definir su historia y su destino, por rozar, aunque sea en sueños, los labios sutiles de la felicidad. En Rostros de la lectura, Chavezmaya elige el espejo, la ventana, el camino, el encuentro, el vicio, y con estas cinco inocentes metáforas juega a elaborar su propia definición; al hacerlo, nos invita también a jugar, a mirarnos y a asomarnos, a caminar y a encontrarnos, a pecar y a abismarnos, en este inefable milagro que la lectura representa.
Excelente translación del mito de Eurípides; obra teatral y poema filosófico envenenado de destreza literaria, hondura conceptual, original manejo del lenguaje y personajes construidos desde la profundidad de una prosa libre de ataduras.
  El culto a Dionisos, la indagación en el rencor de Penteo y la propuesta de una lectura de género son parte de esta obra fundamental.
Una noche, Rita, turista alemana, lleva a su domicilio a Gabino –editor que maneja negocios turbios y con quien está involucrada–, y a sus compañeros Franco y Aleida. Rita sale y cuando regresa a su casa, los tres han sido asesinados. A partir de entonces ella es anónimamente amenazada de muerte. Sus amigos deciden escenificar lo ocurrido como una denuncia artística. Hechos posiblemente subjetivos, pero lógicos e inesperados, cual corresponde a una impecable historia policiaca.
Las Puertas del infierno, la gran obra que el Estado francés encargó a Rodin para un supuesto Museo de Artes Decorativas, fue terminada al tiempo que el gobierno de turno cancelaba el proyecto. Dicha pieza se convirtió entonces en materia creativa para otras ideas como El pensador o El beso. No sospechaba Rodin que años más tarde  inspirarían este drama.
  Germán Jiménez reflexiona, a partir de las Puertas del infierno, acerca del Arte y la Creación, la creación y el poder, el maestro y la alumna, el artista y la amante, el sexo, el sometimiento, el resentimiento, la tiranía, la locura. En definitiva, reflexión sobre la condición humana.
  Imprescindible su lectura, imprescindible su representación, más aún en momentos en los que el arte, el teatro y la cultura no pueden ser considerados un simple entretenimiento.

Páginas