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Letras

Ausencia compartida aloja un ruido secreto —a la manera de A bruit secrete de Marcel Duchamp—, que detona una sucesión de preguntas y se convierte en un ejercicio emocional. Treinta piezas disímiles oscilan entre lo público y lo privado, entre la revelación instantánea y aquello que no se percibe a simple vista en una imagen. La escritura de Ernest Hemingway, el arte zapoteco y mexica, el cine de Werner Herzog y de David Lynch, la obra de Robert Rauschenberg, de Damián Ortega y de Lucio Fontana, las fotografías de Graciela Iturbide, de Miyako Ishiuchi y de Tina Modotti son algunos de los puntos cardinales de este itinerario revelador. El libro reúne una colección de fragmentos sobre la mirada, sobre la experiencia percibida como ilusión. Cada uno de los ensayos contenidos en este volumen es un ovillo a la espera de ser desenredado.
En el libro se reflexiona sobre los vínculos prístinos entre lo que hoy reconocemos como filosofía y literatura. De esta suerte, el autor nos estimula a reflexionar sobre la fundación poética de la palabra, la cual trastoca la existencia y sacraliza al mundo por su acceso al absoluto: un óptimo procedimiento para interiorizarnos en las profundidades del pensamiento filosófico a través del arte.

Son pocas las experiencias asociadas con tal naturalidad a la infancia como lo es el desfile circular de un carrusel, de una rueda de la fortuna y de una montaña rusa. Elisa Corona Aguilar devela al lector la historia de estos artilugios, cuyo único fin es que sus usuarios se coloquen a sí mismos durante unos minutos en una marcha uniforme y previsible. En El desfile circular, la aguda curiosidad de la autora revela cómo la simetría del ritmo al subir y bajar, el vértigo del descenso y la mirada sorprendida ante la altura forman parte de la historia de estas maravillas del progreso, que se convirtieron en elemento imprescindible de toda feria —esos extraños lugares dedicados a los juegos mecánicos—. Con la misma cadencia de ese movimiento y con un toque de añoranza romántica, el ensayo de Elisa Corona Aguilar descubre cómo la historia de estos artefactos es un ejemplo de las mayores tensiones y promesas de la modernidad: el uso lúdico del desarrollo técnico en oposición al progreso sometido por la lógica de la competencia.

¿Qué hay en la palabra escrita que al mismo tiempo que nos exhibe, nos esconde? ¿Qué hay detrás de los silencios del pensamiento, de la escritura, de la lectura y de autores como Salinger, Dickinson o Quignard? El impulso que siente Héctor Manríquez de mostrarse a la vez que permanecer oculto se vuelca y gira alrededor de una misma idea: el silencio.
  La luz detrás de la puerta reabre aquella pregunta de Virginia Woolf: ¿llegará el día en que pueda soportar leer mi propia literatura en letra impresa, sin sonrojarme, temblar y sentir deseos de ocultarme?

Puntos suspendidos es un libro de ensayos lúdicos sobre diversos temas: los mecanismos de la inventiva, la utilización de nuevos géneros de escritura, la acumulación indiscriminada de objetos, la necesidad de la pereza y el escarnio del sedentarismo, las ficciones de la locura, las diferentes formas de viajar, las limitaciones del discurso historiográfico, las posibilidades eróticas del texto y la curiosidad como motor de la literatura. Se trata, pues, de un conjunto de opiniones de naturaleza variopinta que hacen evidente la pertinencia del ensayo como literatura de ideas en la que caben, sin embargo, el juego y el humor. Mosaico multicolor que refleja, ante todo, la irreprimible necesidad de escribir, Puntos suspendidos es una suerte de pasatiempo que remarca una y otra vez las líneas esenciales que configuran la parte más imaginativa de nuestra cotidianidad. 

Lauro Zavala ofrece en esta serie de ensayos argumentos y modelos de análisis que a su vez son ejercicios de la incertidumbre, instrumentos para salir a jugar.
 
En la primera parte expone varias caminatas por la verdad, la ciudad, la cultura y el universo como construcción conjetural, experiencia laberíntica, tejido metafórico y diálogo intertextual, respectivamente. El resto de los ensayos son hipótesis igualmente probables, donde propone observar el tiempo, las humanidades y las ciencias sociales como construcción social, espacio dialógico y narrativas de la crisis, respectivamente. La sección final está dedicada al análisis de la experiencia cinematográfica.
 
Todos los textos constituyen una semiótica preliminar para el trabajo de exploración que cada lector habrá de efectuar durante su propia lectura.
Este libro contiene dos escritos fundamentales para conocer la relación de sor Juana Inés de la Cruz con la jerarquía de la Iglesia católica: la Carta de Puebla (1691), que es la inmediata y afectuosa contestación del obispo de esa diócesis, Manuel Fernández de Santa Cruz, a la célebre Respuesta a sor Filotea de la Cruz, así como la Carta de San Miguel (1692), del mismo autor, las cuales forman parte del entrañable intercambio epistolar que, según hemos descubierto, existió entre la poetisa y el prelado.
 
Ambas cartas pertenecen al acervo de la Biblioteca Palafoxiana. Alejandro Soriano Vallès las presenta en una cuidada edición que incluye introducción, estudio liminar y anotaciones detalladas.  
Después de la batalla de Curupaytí, tratando de volver entero, de salvar cuerpo y pensamiento, de conservar su humanidad, un médico abandona el campamento de Tuyutí. Debe entregar un caballo a los sobrinos del soldado moribundo que le arrancó aquella promesa antes de morir. En su travesía, el médico enfrentará las peripecias y peligros de un país que está mutando en su pasaje a la modernidad.
 
Ambientada en la guerra del Paraguay, en los genocidios cometidos para atender las exigencias británicas y del “proyecto nacional” del liberalismo, A dónde van los caballos cuando mueren, de Marcelo Britos, es una novela intensa que trasunta al realismo y que seduce con su prosa exquisita para volver a exhibir los horrores largamente silenciados.

Ciudad Juárez, entre 2008 y 2012. Los cárteles se disputan la plaza mientras el ejército y la policía federal la ocupan como si se tratara de un botín de guerra. Son los años de la furia, de la llamada guerra contra el narco. Los taxistas del sitio Moridero (Pocamadre, Zebulón, Blasillo, el Cuacua, Elvispresli y Víctor) intentan sobrevivir a vuelta de rueda tras la muerte. Son los testigos de una ciudad que se desmorona, que deja de existir, que cambia de piel, de una ciudad que se desgarra, sufre y llora. Con desengaño, con erotismo, con humor, con reflexión, los cuentos que integran esta obra de Ricardo Vigueras no sólo hablan de la violencia de unos años dramáticos, sino que conforman un fresco de lo que fue la vida cotidiana en Ciudad Juárez en aquellos días en que era difícil conceder un valor a la existencia humana.

Ricardo Chávez Castañeda encuentra un par de cajas con notas literarias en la Biblioteca de la Sogem. Los apuntes pertenecen a Rafel Martínez Lloreda, joven escritor desaparecido de manera misteriosa, en quien Chávez cree descubrir al mejor autor de literatura de terror que ha dado nuestra literatura mexicana y quien no dejó ninguna obra terminada.
  El creativo planteamiento de ocho cuentos, ocho notas y el ensayo crea una estructura que no separa géneros, construyendo, así, un libro elíptico que estudia, reflexiona y genera una brillante obra sobre la literatura de terror.

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