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Mayor

En un esfuerzo institucional por documentar miles de bienes patrimoniales en proceso de desaparición, que pertenecen tanto a la arquitectura vernácula como a otras expresiones arquitectónicas antiguas o contemporáneas —todas ellas de poco reconocimiento y valor—, un equipo de colaboradores e investigadores de la Facultad de Arquitectura y Diseño (fad) de la uaem, así como de su Centro de Investigación en Arquitectura y Diseño, y en invitación del Fondo Editorial Estado de México, se dieron a la tarea de recorrer 32 municipios y el doble de ese número en localidades para realizar un registro, principalmente visual. Este equipo se congratula al ofrecer esta selección de fotografías, tomadas durante el verano y otoño de 2013. También, se ponen en manos del lector diversos textos elaborados para dar estructura y orden discursivo a la presente investigación.

En este sentido, una parte sustancial de la llamada Colección Mayor, una de las más emblemáticas del foem, está destinada al rescate y divulgación de la obra plástica de los más connotados artistas mexiquenses; es el caso del maestro Daniel Báez Bonorat, cuya trayectoria se remonta a la segunda mitad de la década de los años cincuenta del siglo xx. Báez, nacido en Ciudad de México, pero mexiquense desde entonces (pues adoptó a Ixtapan de la Sal como su casa), ha aspirado con su notable obra pictórica, sus afortunados experimentos con el arte objeto, sus afanes teatrales, y aun con sus textos literarios,1 a ser un artista en toda la dimensión de la palabra. Ese anhelo de convertirse en un artista total, al modo en que lo quisieron ser algunos artistas del Renacimiento, tiene un fundamento sustantivo: ¿Por qué conformarse con una sola herramienta, si a nuestro alrededor existen otras que nos permiten también expresar los pensamientos más profundos, no sólo acerca del arte sino de la propia existencia?

La riqueza cultural del Estado de México se manifiesta fielmente a través de la amplia gama de su producción artesanal, caracterizada por su gran diversidad y vitalidad, y nutrida por la destreza de hombres y mujeres que han sabido cultivar, a lo largo de múltiples generaciones, un oficio cuyas principales herramientas son su inagotable talento y sus hábiles manos.

La riqueza cultural del Estado de México se manifiesta fielmente a través de la amplia gama de su producción artesanal, caracterizada por su gran diversidad y vitalidad, y nutrida por la destreza de hombres y mujeres que han sabido cultivar, a lo largo de múltiples generaciones, un oficio cuyas principales herramientas son su inagotable talento y sus hábiles manos. Como reflejo y ser de nuestro pueblo, las artesanías constituyen un elemento de cohesión social y de identidad cultural, en cuyo fomento, conservación y divulgación se ha empeñado, durante muchos años, el Gobierno del Estado de México. De ahí las distintas estrategias impulsadas para promover que este componente esencial de nuestra cultura no solamente siga vigente en nuestros días, contribuyendo de manera relevante al desarrollo comunitario, sino que cobre nuevas y más amplias dimensiones a través de mejores esquemas de fomento comercial y turístico.

En la poesía, a veces podemos expresar imágenes visuales pero en estas imágenes pictóricas contemplamos aquello que quizá habíamos soñado y quisimos expresar mediante las palabras, por ejemplo, lo que contemplan nuestros ojos sorprendidos en la acuarela Camino al Xinantécatl (1999);1 un paisaje que nos revela muchas sensanciones a través de los sentidos y que con asombro vemos, sentimos, olemos, en la contemplación de algo más, un paisaje que no solamente detiene un estado del tiempo sino de ánimo, una atmósfera húmeda de nostalgia: el cielo nublado casi a ras de tierra, el camino que se abre, y el lenguaje corporal de los que avanzan por ese camino.
 

Difícilmente podríamos analizar el arte desvinculado de la historia, pues ambos van construyéndose de manera entrelazada. El siglo xix atestiguó la formación de nuestro país como nación independiente, tiempos difíciles en los que México pagó el precio de contar con un gobierno propio, de construir sus instituciones y de sentar las bases de su desarrollo. Para entender los cambios que se manifestaron en el arte mexicano en las últimas décadas del siglo xix, es necesario visualizar los movimientos sociales, ideológicos y filosóficos que lo influyeron. El movimiento de Independencia dio paso a una apertura en todos los sentidos. Es por ello que las diferentes corrientes de pensamiento procedentes de Europa llegaron a nuestro país influyendo en los intelectuales, poetas, pintores y músicos, quienes lo reflejaron en su trabajo creativo.

EN MÉXICO TENEMOS UNA EXPERIENCIA HISTÓRICA de milenios, de siglos. Somos depositarios de una larga y compleja, pero también luminosa, memoria. Muchos son los testimonios de la civilización que floreció en la vasta geografía de Mesoamérica, como el universo de las creaciones de que fueron capaces nuestros antepasados indígenas. Varios siglos antes de la era cristiana, los olmecas dieron principio a la vida urbana. Los mayas edificaron un centenar de ciudades asombrosas y en el Altiplano Central surgió la gran metrópoli de Teotihuacan, ciudad de los dioses, y los mexicas, en alianza con otros pueblos, abrieron grandes rutas de comercio, con lo que extendieron su poder y su cultura.

El 2 de marzo de 1824, cuando se erigió el Estado de México sobre territorio de lo que había sido Intendencia o Provincia de México, estaban comprendidas dentro de ella poblaciones como Acapulco, Chilpancingo y Cuautla, entre muchas otras que fueron escenario de las hazañas militares del Generalísimo José María Morelos. Fueron también, y de manera simultánea, espacios de maduración de conciencia para formular un ideario que orientara los destinos de una nación, ideario que comenzaba a cristalizar en los sentimientos de un hombre generoso, humilde y dócil ante los dictados de una comunidad que luchaba por liberarse de una dominación de casi tres siglos. Morelos era un conductor de pueblos que no aspiraba a una máxima magistratura, sino al título simbólico de Siervo de la Nación.

David Lach es considerado el primer creador plástico que utilizó fibra de vidrio para realizar composiciones de impactante brillo, colorido y forma que producen el efecto de paisajes más allá de lo terrestre. Residente en el Estado de México desde hace más de treinta años, parte de su producción ha sido expuesta en diversos lugares de nuestra identidad. Por la originalidad del material que utiliza, la actitud de experimentación visual y la imaginación que despliega, Lach se erige como un destacado participante de la actividad artística que se desarrolla en el territorio estatal. Por ello la edición de esta muestra representativa de su quehacer plástico, así como algunos comentarios críticos que resaltan la singularidad de su estilo único e inconfundible.

En esta bella edición se presenta la pintura de Felipe S. Gutiérrez, texcocano (1824-1904), retratista y costumbrista admirado internacionalmente por su talento. Fue discípulo del maestro catalán Pelegrín Clavé en la Academia de San Carlos. Luego de ser él mismo catedrático en el Instituto Literario de Toluca y otras instituciones, sintió la necesidad de prepararse mejor y viajó a Estados Unidos, Europa y Sudamérica. También fue crítico y tratadista de pintura. Desde 1992, en la capital mexiquense, un museo con su nombre preserva una colección significativa de sus dibujos y pinturas.

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