Secretaría de Cultura y Turismo

Lectores niños y jóvenes

Colección de cuentos para leerse en voz alta contiene muchas historias divertidas escritas en verso. Su intención es rescatar la lectura compartida, fomentar la convivencia entre padres e hijos y la cultura a través del juego. También es una excelente herramienta para trabajar en el salón de clases, pues sin duda despertará en niñas y niños el amor por los libros. Esta colección de cuentos destaca hermosas tradiciones mexicanas, así como inventos, descubrimientos y oficios. La imaginación se avivará con relatos de hadas, brujas y princesas. Las voces de los personajes en los diálogos se han marcado con colores distintos, con la finalidad de facilitar la entonación al momento de narrar.

El mundo es un conjunto de sonidos, sabores, formas, texturas y olores que puedes explorar por medio de la poesía. ¿Quieres probarlo? Entonces acércate y abre este Cuaderno de las muchas sensaciones: tus cinco sentidos viajarán a través de sus poemas en los que, entre otras cosas, escucharás a un ratón comerse el sueño o conocer a qué sabe una nube; podrás oler tu goma de borrar, ver lo que sueña un gato y sentir los brazos del frío. Llénate de versos y explora el mundo una y otra vez.

Zarzas, peces abisales, gusanos quemadores, erizos, alacranes. Cactus y alambre de púas. En este libro, objetos y seres puntiagudos salen de sus oscuros escondites para contarnos sus historias y cantarnos sus canciones. Para decirnos que no siempre hay que temerles.

 

A veces, debajo de las púas puede haber cosas brillantes o hermosas.

¿Es importante el tamaño del corazón a la hora de amar? Acompaña a Ratón Ratoncito, Gato Gatoso, Oveja Ovejita, Cebra Cebrante y Elefante Elefantero en busca de la respuesta, que será revelada nada más y nada menos que por el animal con el corazón más grande del mundo.

Leona Vicario no sólo luchó por la libertad de los mexicanos en las postrimerías de Nueva España, también se enfrentó a la opresión y a los prejuicios de su tiempo para defender la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. ¿Te imaginas tener la posibilidad de hablar con ella y conocer sus ideas de primera mano?

Yolanda Echeverría Sentíes realizó este ejercicio en una entrevista ficcional, basada en una amplia revisión de estudios biográficos, novelas y documentos. La autora propone preguntas, que responde a través de los escritos de Leona Vicario, sobre todo su correspondencia y declaraciones testamentarias. Se trata de una conversación imaginaria pero extraordinariamente documentada, que amplía la comprensión del pensamiento de este personaje histórico.

¡Al rescate! es la historia de Sapo, un chico solitario a quien le dicen así debido a las iniciales de su nombre: Segismundo Anacleto Pafnuncio Osnaya. Sapo y su papá viven en un edificio al que llegaron hace poco. Una tarde, el muchacho escucha unos ladridos; al asomarse por la ventana del baño hacia el cubo de luz, se da cuenta de que ahí hay un cachorro encerrado. Pasan los días y, al ver que lo descuidan, Sapo decide hacer algo al respecto. Con la ayuda de Araceli, su compañera de clase que le encanta, y Mateo, quien le cae muy mal porque se burla de su nombre y lo molesta, Sapo idea un plan para rescatar al perro, al que nombra Simón. Todo parece ser muy sencillo pero la verdad es otra, pues para llevar a cabo su propósito los tres tienen que hacerlo sin que Chencha — la detestable conserje del edificio donde está Simón— ni el Licenciado —el dueño del perro— se den cuenta.

En 20 poemas para construir una casa hay una televisión que perdió el control, una estufa siempre hambrienta, un excusado que habla y muerde cuando te acercas, una ventana ciega, puertas que te llevan a cualquier parte del mundo, un árbol de libros, sillones que se comportan como animales que sueñan, paredes acostumbradas a dormir de pie y, en fin, toda  clase de personajes que puedes encontrar dentro de cualquier casa y decidieron habitar estos poemas para visitar, una y otra vez, la imaginación de quien los lee.

Don Evaristo, el mago del tejido en Tenancingo, recibe la extraña visita de una mujer misteriosa que le solicita el mejor rebozo de su vida. Para su terror, descubre que su clienta es la Muerte. Aterrado por la sospecha de que morirá después de que termine el trabajo, enferma de angustia. Entonces, su nana, con su sabiduría ancestral, le ofrece una solución: para tejer el mejor rebozo se requiere de mucho tiempo y de infinita paciencia; pueden pasar hasta cien años. Ante esta revelación, don Evaristo comprende que, sin querer, la Muerte le ha dado un regalo insólito: determinar el momento de su partida y reflexionar sobre el placer de estar vivo.

El año pinta mal; hay presagios funestos lo mismo en el cielo que en las suertes echadas con maíz pinto. Algo grave ha de ocurrir en el reino de la Nueva España. Juana Inés y Diego, como parte del brazo juvenil de la secreta Sociedad de los Herméticos, reciben el encargo de vigilar el caso de un escritor de ciencia ficción, reo de la Santa Inquisición; este asunto, por azares del destino, los conecta con una hermosa mulata, hechicera ella, y un chamán indio que tiene como nahual a un guajolote justiciero, para enfrentar juntos un reto que parece imposible: cambiar el futuro que ya está escrito y con ello impedir una enorme tragedia. La Sociedad de los Herméticos con su brazo juvenil regresa luego de su emocionante aparición en Mascarada, publicada en 2003.

El protagonista de Manantial de carcajadas es un niño irreverente que emplea el humor negro y socarrón como medio de defensa ante la embestida del mundo adulto que suele aplastarlo —cual mosca— con su alud de órdenes, reglas y gritos. Lo mismo padece el suplicio de asistir a la escuela cada mañana, el abuso en el recreo de una niña descendiente de Godzila, el acoso de su rolliza tía que le da besos ensalivados como un sapo, o bien, observa el repulsivo vómito de un ogro, llamado Capirotada. Aquí se encontrarán poemas sostenidos sobre la música de la palabra, que pueden leerse o cantarse. Quien abra este libro corre el riesgo de sufrir un súbito ataque de risa o arrojar carcajadas cual serpentinas y, al hacerlo, alcanzar cierta felicidad instantánea que anulará el aburrimiento o la tristeza.

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