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Fundiciones

Las líneas del tiempo cruzan los sucesos del hombre para nombrarlos y darles un sitio en el marco de la historia. La presente cronología, desde su brillante brevedad, pretende acercar al lector a los momentos estelares del nacimiento del papel, la escritura, la lectura y el libro, así como a los soportes físicos, los instrumentos y las técnicas que posibilitan las prácticas de la escritura y la lectura.

El Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal invita con esta obra, pequeña en su volumen pero grande en sus aspiraciones, a revalorar las invenciones que han cobijado a la letra impresa y que han modelado las mejores huellas del hombre sobre la tierra.

La sociedad humana es la única que se comunica a través de la palabra y, gracias a ella, tiene el poder de generar y transmitir cultura. Miles de años fueron necesarios para que la humanidad lograse articular sonidos con una significación particular y construir, paulatinamente, un sistema de expresión simbólica, es decir, un lenguaje diversificado en muchos idiomas. Mediante el lenguaje, los diferentes grupos humanos pudieron organizarse para unir sus fuerzas y constituir tribus, pueblos, ciudades y civilizaciones. Lograron también formular ideas y conceptos que posibilitan el pensamiento, así como interpretaciones, creencias, proyectos, intereses y normas de conducta que regulan la convivencia. La palabra es la herramienta del intelecto, de la sensibilidad y de la voluntad que ha permitido lo mismo la construcción que la destrucción de bienes culturales tanto tangibles como intangibles. Sin embargo, el lenguaje verbal por sí mismo no bastaba más que para transmitir los recuerdos, las experiencias y los conocimientos por medio de la tradición oral. Era necesario contar con un segundo sistema de comunicación que hiciera factible preservar para el futuro el legado cultural, histórico, jurídico, técnico, administrativo y moral de las sucesivas generaciones. Entonces surgió la escritura como medio de ampliar los límites de la memoria y de hacer que los grandes logros materiales y espirituales de cada sociedad no cayeran en el olvido.

El vasto territorio de la historia de la cultura escrita en América Latina ha sido explorado con los más diversos enfoques. Una de las rutas menos recorridas, por lo elusivo de sus fuentes, es la que aborda la tecnología tipográfica y los oficios durante el periodo de la imprenta manual, pero cuando logra transitarse por ella el panorama resulta admirable. Gracias al hallazgo de un manuscrito inédito, la historiadora del libro y la edición Marina Garone Gravier hace aquí un minucioso análisis del manual de imprenta americano más antiguo conocido a la fecha: Arte de ymprenta, obra patrocinada por el impresor Alejandro Valdés en 1819. Para explicar la importancia y el valor histórico de ese documento, expone qué son y para qué sirvieron esos manuales, ofrece un muy completo perfil biográfico de quien impulsó la redacción de éste y emprende un estudio codicológico y textual del documento, todo lo cual le permite, entre otras cosas, determinar la fuente francesa en que se basó el anónimo autor del manual. De manera didáctica y precisa, Garone Gravier nos acerca a un documento único y a un personaje clave para la historia de la cultura escrita y de la tecnología gráfica en México.

El libro que el lector tiene en las manos, titulado El Arte de ymprenta de don Alejandro Valdés (1819). Estudio y paleografía de un tratado de tipografía inédito, tiene múltiples y muy valiosas riquezas de tema tipográfico, que van más allá de la mera edición crítica de una fuente particular. Su autora, mi querida y muy admirada amiga Marina Garone Gravier, del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, es una de las más grandes estudiosas de la historia de la imprenta en México. Recientemente publicó sus dos obras más ambiciosas y notables: la Historia de la tipografía colonial para lenguas indígenas (México, ciesas, Universidad Veracruzana, 2014, 372 pp.) y la Historia de la imprenta y la tipografía colonial en Puebla de los Ángeles (1642-1821) (México, UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 2015, 764 pp.). Pero estos dos grandes libros no son más que las cúspides más prominentes en la muy abundante y variada producción de Marina Garone de estudios y ediciones de tema tipográfico, que abarcan todos los periodos: los incunables del siglo XV y los libros antiguos europeos; Pedro Ocharte y otros varios impresores, tipógrafos y diseñadores mexicanos de los siglos XVI al XXI.

Pese a su importancia histórica, los acervos antiguos de las bibliotecas en México no han sido suficientemente estudiados. Es importante revalorar su preservación y catalogación, indispensables para evitar pérdidas, no sólo de sus contenidos, sino también los estilos de edición de cada época.

El libro antiguo es un texto de referencia obligado para especialistas, ya que ofrece un modelo para realizar estudios tipográficos, iconográficos y textuales de las obras antiguas. Además, acerca al público en general a los orígenes de la edición moderna y le brinda las herramientas para analizar y conservar la memoria escrita de México.

El hombre encargado de una biblioteca antigua, por fuerza, tenía que poseer un espíritu filosófico y un conjunto de valores espirituales que lo encaminaran por el sendero de la cultura y, sobre todo, tenía que ser un educador, un guía, un preceptor de lecturas. Diderot, en pleno siglo xviii, lo definía como la persona encargada de la custodia, del cuidado, ordenamiento e incremento de los libros en una biblioteca. Las más antiguas bibliotecas tuvieron como guardianes a estas figuras que estaban al servicio del conocimiento y del espíritu. En la Nueva España también hubo grandes “procuradores de bibliotecas”, en una época en la que aparecieron cientos de bibliotecarios anónimos que fungían también como copistas, traductores e incluso como comerciantes de libros.

Antes de comenzar a trazar una visión histórica de la encuadernación, considero oportuno definir varios términos que ayudarán a entender algunos conceptos, que a lo largo de la obra se mencionarán, y servirán de guía a quienes estén interesados en adquirir conocimientos más amplios sobre el mundo de la encuadernación. Es interesante observar que en las propuestas abordadas no hay una idea clara de lo que significa el término “encuadernación”. Esto obedece a la inexistencia de un vocabulario controlado que normalice la definición, lo que ha dado lugar a multitud de interpretaciones. En casi todas las definiciones analizadas el concepto aparece como “acción o efecto de encuadernar”, “producto acabado resultante de la acción de encuadernar” o “resultado de dicha operación”. Esto no es realmente una definición, sino más bien una relación entre el sustantivo “encuadernación” y el resultado de la acción “encuadernar”. No hay, así, información importante ni posibilidad de análisis desde punto de vista alguno.

Las pequeñas joyas que integran este muestrario iconográfico comentado provienen, en su mayoría, de la tradición de la imprenta renacentista y fueron enriquecidas con las aspiraciones estéticas de los movimientos artísticos del siglo xix. Se trata de cabeceras, esquineras, marcos y viñetas, conocidos genéricamente como clichés, que entraban en conjunción con la tipografía para dar realce y embellecer los impresos al filo entre los siglos xix y xx. El buen uso de estos elementos gráficos apoyaba los fines comerciales o publicitarios que tenían la mayoría de los impresos, al tiempo que garantizaba la realización estética de las artes gráficas y el éxito de la imprenta.

Dice Ross Atkinson que: “En todas las épocas, la humanidad se ha imaginado a sí misma atravesando un periodo de transición tan agudo que los efectos rayan en lo disfuncional,  y la nuestra no es la excepción”. La llegada de los medios electrónicos no anuncia el apocalipsis de la cultura; ni siquiera de los libros o de la lectura. Estamos, más bien, ante fenómenos de transición que nos ofrecen claves importantes para entender nuestro uso del lenguaje, formas de comunicación y, por lo tanto, la naturaleza humana.
 
Este libro propone una discusión sobre las implicaciones conceptuales y cognitivas de los nuevos soportes para la escritura: ¿cómo ha cambiado la tecnología de la palabra escrita a partir de la disponibilidad de los medios electrónicos? ¿Se han transformado nuestros conceptos de lo escrito, del conocimiento y de la cultura a partir de la incorporación de la palabra electrónica a nuestra vida cotidiana? ¿Qué significa ser alfabetizado en la era digital? Sabemos que vivimos en una época de grandes transformaciones de lo escrito, pero, ¿cómo pasó todo esto?, ¿por qué cauces llegaron aquellos ríos de códigos binarios y dónde podemos ver sus efectos ahora que ha subido la marea electrónica?
 

Puede ser contemporáneo de los tipos móviles de Johannes Gutenberg y de la imprenta incunable. Cabe señalar que al lado de esa revolución de la cultura escrita, se estaban produciendo bellísimas obras manuscritas e iluminadas, de tradición medieval y renacentista, las cuales han perdurado hasta nuestros días, como uno de los mejores ejemplos de convivencia entre formas distintas del patrimonio bibliográfico que conservamos. En las siguientes páginas se ofrece un análisis minucioso sobre el Libro de Horas en el que se incluye al final una relación de capitulares ordenadas alfabéticamente cuya reproducción fue posible gracias al apoyo de la Dirección General de Patrimonio Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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