Secretaría de Cultura y Deporte

Fundiciones

Las líneas del tiempo cruzan los sucesos del hombre para nombrarlos y darles un sitio en el marco de la historia. La presente cronología, desde su brillante brevedad, pretende acercar al lector a los momentos estelares del nacimiento del papel, la escritura, la lectura y el libro, así como a los soportes físicos, los instrumentos y las técnicas que posibilitan las prácticas de la escritura y la lectura.

El Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal invita con esta obra, pequeña en su volumen pero grande en sus aspiraciones, a revalorar las invenciones que han cobijado a la letra impresa y que han modelado las mejores huellas del hombre sobre la tierra.

La industria editorial tiene una trayectoria larga y prolífica en el Estado de México, como lo demuestra una tradición de más de dos siglos, a partir de que en 1812 el doctor José María Cos fabricó con sus propias manos una rústica imprenta para difundir, desde Sultepec, el ideario y los éxitos de la insurgencia en las páginas del periódico El Ilustrador Nacional. A partir de entonces, tanto las instituciones públicas como los empresarios del ramo han sostenido un esfuerzo constante por fundar talleres, introducir tecnologías para propiciar el desarrollo de las artes gráficas y la paulatina incorporación de nuevas tecnologías hasta llegar al uso de los medios digitales que ofrece el siglo XXI. De esta trayectoria da cuenta la presente cronología, que coordina la narrativa histórica y visual de acontecimientos relevantes con un marco referencial que los sitúa en sucesos de importancia estatal, nacional e internacional.

El vasto territorio de la historia de la cultura escrita en América Latina ha sido explorado con los más diversos enfoques. Una de las rutas menos recorridas, por lo elusivo de sus fuentes, es la que aborda la tecnología tipográfica y los oficios durante el periodo de la imprenta manual, pero cuando logra transitarse por ella el panorama resulta admirable. Gracias al hallazgo de un manuscrito inédito, la historiadora del libro y la edición Marina Garone Gravier hace aquí un minucioso análisis del manual de imprenta americano más antiguo conocido a la fecha: Arte de ymprenta, obra patrocinada por el impresor Alejandro Valdés en 1819. Para explicar la importancia y el valor histórico de ese documento, expone qué son y para qué sirvieron esos manuales, ofrece un muy completo perfil biográfico de quien impulsó la redacción de éste y emprende un estudio codicológico y textual del documento, todo lo cual le permite, entre otras cosas, determinar la fuente francesa en que se basó el anónimo autor del manual. De manera didáctica y precisa, Garone Gravier nos acerca a un documento único y a un personaje clave para la historia de la cultura escrita y de la tecnología gráfica en México.

Pese a su importancia histórica, los acervos antiguos de las bibliotecas en México no han sido suficientemente estudiados. Es importante revalorar su preservación y catalogación, indispensables para evitar pérdidas, no sólo de sus contenidos, sino también de los estilos de edición de cada época.

El libro antiguo es de referencia obligada para especialistas, ya que ofrece un modelo para realizar estudios tipográficos, iconográficos y textuales de las obras antiguas. Además, acerca al público en general a los orígenes de la edición moderna y le brinda las herramientas para analizar y conservar la memoria escrita de México.

El hombre encargado de una biblioteca antigua, por fuerza, tenía que poseer un espíritu filosófico y un conjunto de valores espirituales que lo encaminaran por el sendero de la cultura y, sobre todo, tenía que ser un educador, un guía, un preceptor de lecturas. Diderot, en pleno siglo xviii, lo definía como la persona encargada de la custodia, cuidado, ordenamiento e incremento de los libros en una biblioteca.

Las más antiguas bibliotecas tuvieron como guardianes a estas figuras que estaban al servicio del conocimiento y del espíritu. En la Nueva España también hubo grandes “procuradores de bibliotecas”, en una época en la que aparecieron cientos de bibliotecarios anónimos que fungían también como copistas, traductores e incluso como comerciantes de libros.

Este interesante volumen trata de acercar al investigador y al amante de los libros y de la encuadernación a este fascinante mundo, por medio de un recorrido histórico desde las primeras encuadernaciones de la Edad Antigua y la Edad Media hasta los ejemplares y encuadernadores del siglo XX y comienzos del XXI. La obra también aporta una serie de pautas para que, una vez identificadas las encuadernaciones, se puedan describir de forma normalizada por medio de áreas, secciones y elementos.

Las pequeñas joyas que integran este muestrario iconográfico comentado provienen, en su mayoría, de la tradición de la imprenta renacentista y fueron enriquecidas con las aspiraciones estéticas de los movimientos artísticos del siglo xix. Se trata de cabeceras, esquineras, marcos y viñetas, conocidos genéricamente como clichés, que entraban en conjunción con la tipografía para dar realce y embellecer los impresos al filo entre los siglos xix y xx. El buen uso de estos elementos gráficos apoyaba los fines comerciales o publicitarios que tenían la mayoría de los impresos, al tiempo que garantizaba la realización estética de las artes gráficas y el éxito de la imprenta.

Dice Ross Atkinson: “En todas las épocas, la humanidad se ha imaginado a sí misma atravesando un periodo de transición tan agudo que los efectos rayan en lo disfuncional, y la nuestra no es la excepción”. La llegada de los medios electrónicos no anuncia el apocalipsis de la cultura ni de los libros o de la lectura. Estamos, más bien, ante fenómenos de transición que nos ofrecen claves importantes para entender nuestro uso del lenguaje, formas de comunicación y, por lo tanto, la naturaleza humana.

Este libro propone una discusión sobre las implicaciones conceptuales y cognitivas de los nuevos soportes para la escritura: ¿cómo ha cambiado la tecnología de la palabra escrita a partir de la disponibilidad de los medios electrónicos? ¿Se han transformado nuestros conceptos de lo escrito, del conocimiento y de la cultura a partir de la incorporación de la palabra electrónica a nuestra vida cotidiana?

El Libro de Horas de la Biblioteca Nacional de México es un pequeño códice medieval, testimonio de la cultura escrita y visual europea que viajó a tierras americanas e ingresó a la colección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de México, donde es considerado una de sus joyas bibliográficas por su antigüedad, materialidad, contenido y originalidad. No se tiene documentación sobre la manera como fue adquirido; no obstante, desde 1975 se le identificó como parte del fondo de manuscritos latinos con la signatura Ms.1820 (facsimilar incluido en esta edición). La obra reúne los esfuerzos de dos especialistas que abordan su estudio desde una perspectiva codicológica que resulta adecuada y novedosa para un material excepcional dentro del patrimonio bibliográfico mexicano.

Los libros han llegado a ocupar un lugar privilegiado en la memoria del hombre, un lugar que permite crear en el raciocinio del lector un espacio de representación, un teatro interior, un vínculo mental en el que se representa lo que el autor ha escrito y que se manifiesta a sí mismo mediante lo que el lector ha entendido. La pasión, necesidad y respeto por los libros crearon en el hombre la inquietud de conjuntar en un espacio todo el saber existente: la biblioteca. Esto dio pie a otras inquietudes: ¿cómo distinguir, señalar o advertir que los libros que posee son de él, que son un bien que lo ha acompañado, instruido y guiado, que son parte de su vida?; ¿cómo y qué hacer para que el libro, sin necesidad de voz alguna de su poseedor, sea capaz de indicar a quien lo viera o tocara: pertenezco a… o soy de…? En respuesta, el lector, el bibliotecario y el amante de los libros generaron las llamadas marcas de propiedad, que revelan individualidad.